Energia Bitcoin

Un estudio reciente realizado por Alex de Vries, de PwC, ha revelado que aunque gran parte de la energía empleada para la minería de Bitcoin es renovable, como aseguran muchos mineros, existen otros efectos ambientales que se han estado ignorando.

El informe se titula “La energía renovable no solucionará el problema de sostenibilidad de Bitcoin”, y aborda los gastos implicados en la minería de Bitcoin desde el punto de vista energético, económico y ambiental.

De Vries señala que no es posible estimar de manera exacta cuánta electricidad se utiliza para la minería de Bitcoin, puesto que no se puede saber cuántas máquinas, o cuáles de ellas, se encuentran activas en la red. A raíz de ello, se han hecho estimaciones basadas en la potencial computacional en la red o la recompensa total de minería disponible, las cuales se encuentran publicadas en bitcoinenergyconsumption.com.

Según los datos suministrados, en el 2018, la minería de Bitcoin consumió entre 40.0 TWh, y posiblemente hasta 62.3 TWh de energía eléctrica, lo cual es comparable con la cantidad de electricidad que consumieron Hungría (40.3 TWh) y Suiza (62.1 TWh).

Sin embargo, existe una serie de factores que pasamos por alto cuando hablamos de estimar el consumo de energía asociado a dicha actividad. Uno de ellos es que no solo se trata de equipos de minería, sino también de los negocios derivados de las criptomonedas: cajeros automáticos de Bitcoin, plataformas de intercambio, servicios de billetera y proveedores de soluciones de pago.

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En el aspecto ambiental, De Vries señala que el uso de energía de Bitcoin el año pasado dejó una huella de carbono de 19.0 a 29.6 millones de toneladas métricas de CO2 (475 g CO2 / kWh). Con ello, la huella de carbono promedio por transacción oscilaría entre 233.4 y 363.5 kg de CO2. Esto, comparado con la promedio para una transacción de VISA equivale a 0,4 g de CO2, y una búsqueda, lo que marca una diferencia abismal.

A pesar de ello, los defensores del Bitcoin argumentan que el impacto ambiental no es tan grave como dichas cifras hacen pensar, puesto que la mayor parte de la minería de dicho activo se basa en “lo que de lo contrario sería un desperdicio de energía renovable”. A ello se agregan los desechos generados por máquinas obsoletas, que tienen pocas posibilidades de reutilización.

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